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domingo, 1 de junio de 2014

Capítulo 6


Ebook primera parte Aquí

¡Tac! ¡Tac! ¡Tac!
Sonaron los nudillos de Adelaida, porque tan maciza puerta no alcanzó a sonar con los golpes de su frágil mano. Acarició su adolorida diestra y sin pensarlo más golpeó con la base de su sombrilla aquella puerta de madera, oscura y robusta como un oso.
¡Toc! ¡Toc! ¡Toc!
De aquella casa se escapaba un aroma dulce, como a pan de fruta, como a pastel de manzana. Pero Adelaida no le dio importancia, su corazón estaba inquieto, su alma ya estaba del otro lado de la puerta antes de que esta se abriera. Miró hacía la ventana que tenía hacía su derecha, y sobre nardos y lirios vio colgado un móvil de mariposas. Girando lentamente como si un espíritu respirara cerca de ellas dándoles vida. Su corazón golpeó amargamente su pecho, llenándola de culpa.

-¡Ya voy!- se escuchó una voz masculina y graciosa desde algún lugar de aquella casa. Sintió movimiento detrás de la puerta, escuchó la cerradura girar y pesadamente aquel aposento se abrió dejando ver toda la humanidad de un señor alto, bastante obeso, pero con cara de duende bonachón, con mejillas redondas y coloradas como si estuvieran roburizadas por toda la eternidad.

- Buenas tardes - Adelaida hizo el esfuerzo de verse serena -. Por favor ¿Podría llamar a Lili?

- Buenas tardes señorita - aquel señor redondo tensó sus dos cejas como si de dos arcos de flecha se trataran y con una repentina explosión de cortesía la invitó a pasar: - ¡Ah!... ¡Qué honor!... ¡Adelante señorita esta es su casa! ¡Galleta! Ya viene, ella ya viene. ¡Pase y siéntese por aquí! ¡Galleta te buscan!

- Gracias - respondió Adelaida mientras pasaba el umbral - Yo soy sobrina de la Sra. Raquel...

- Sí, señorita, lo sabemos, es un honor tenerla en casa - le interrumpió amablemente aquel anfitrión emocionado. Desde otra habitación apareció una señora con un delantal de grandes flores naranjas y que en su rostro tenía dibujada la misma cara de Lili pero con el inevitable paso de los años. Aquella graciosa mujer, también algo robusta, no pudo evitar sorprenderse y caminar hacia Adelaida.  

- ¡Qué honor nos haces con tu visita! - le dijo mientras se acercaba y la tomaba de las nerviosas manos -. La sobrina de Doña Raquel en nuestra casa. ¡Qué hermosa eres!

- Gracias, es muy amable.

A Adelaida no la dejaba de impresionar que pareciera que todo el pueblo ya la conociera . Es que Bardolín no parece un pueblo pequeño, sino una casa grande, pensó. 

- ¡Galleta! ¡Te buscan! - volvió a llenar todo el lugar la voz del señor de la casa con su entonación graciosa y amistosa. 

Una puerta se entreabrió tan misteriosamente, como el rostro que a duras penas se asomó por ella. 

- Lili - Adelaida se acercó -. Quiero hablar contigo. 

Galleta abrió la puerta un poco más, solo para estar segura de lo que estaba viendo. Adelaida estaba en su casa. Dentro, frente a la puerta de su refugio, de su habitación amada. Sin embargo no dijo nada, todas las palabras se le iban por sus grandes ojos marrones, abiertos como ventanas hacia su alma. 

- Quiero hablar contigo - le pidió con amabilidad. Lili no dijo nada -. Me gustaría conversar contigo... por favor. 

Y Lili no dijo nada. Adelaida no hacia más que sentirse peor. Por dentro se castigaba una y otra vez. 

- Fabián estaba preocupado porque no llegaste hasta su casa - le dijo ya dándose por vencida y asumiendo su culpa, sintiéndose mala persona - Esperaba por ti y por tu colección de mariposas. Deben ser muy hermosas que él te esperaba con tantas ganas. 

- ¿Te gustaría verlas? - rompió su silencio la tímida Lili pero sin salir del resguardo de la puerta de su habitación. 

- ¡Me encantaría! - se sintió respirar de nuevo al escuchar la vocecita amable y armónica como un arpa de Lili. 

- ¿Te gustan las mariposas? - Galleta seguía resguardada tras la protección de su puerta. 

- ¿A quién no le gustan Lili?- le sonrió tratando de que sus palabras fueran un cumplido.

- A mi papá no le gustan - respondió Galleta sin juzgarlo. Lo dijo tan simple como era. 

- Jejejeje - rió el papá de Lili mientras su barriga subía y bajaba varias veces -. Las mariposas son para las niñas. 

Extendió sus rollizos brazos y batió sus manos como alas. Pero a Adelaida aquel señor tan grande no le pareció una mariposa sino un escarabajo. Todos sonrieron en la habitación, menos Lili, que ya se sabía de memoria las payasadas habituales de su padre. 

- A Fabián le gustan - rompió el silencio sonriente de todos, la voz de Lili, la que se escuchó curiosamente desafiante. Su papá sonrió con una ternura particular, como aquella del padre que sabe que nunca podrá dejar de hacerle bromas a su querida hija. Sin embargo su sonrisa decía algo más, pero muy sabiamente se lo reservó. Volvió a levantar sus regordetes brazos batiéndolos como grandes alas y dijo con cara muy pícara:

- Es que a ese muchacho le gustan muchas cosas con alitas que revolotean por ahí.  

- ¡Oh vamos Gaspar! - sonrió divertida la señora de la casa, acercándose a su esposo, dándole empujoncitos en la panza -. Deja de hablar de ese muchacho y vamos a la cocina. Dejemos a las chicas con sus asuntos de chicas. 

- Estás en tu casa, mi niña - se le acercó de nuevo la señora del delantal de flores naranjas - Yo soy Margot y aquí estamos a la orden. Bienvenida. 

- Bienvenida - también le dijo el gran Gaspar, con su sonrisa de duende bonachón. Margot lo empujó como si de un vehículo descompuesto se tratara y Gaspar volvió a mover sus brazos como alas, soltando la mirada por el rabillo del ojo al rostro serio de Galleta. Se alejaron los dos entre los "vuela hacia la cocina congorocho", "vuela hacia la cocina moscardón" de ella y entre las risas pícaras de él.  

-  Ve, trae tu cajita con tu colección de mariposas - le dijo Adelaida con cariño a la siempre tímida Lili. 

- No. Tú eres la que entrará a mi colección de mariposas - Adelaida hizo un gesto interrogativo. ¿Entrar a su colección? Viendo la confusión llenarle el rostro, Lili la tomó suavemente de una mano y la hizo pasar a su habitación... 

Azules, amarillas, rojas, naranja, negras, matizadas; pequeñas, medianas, grandes. En las paredes, colgando del techo, sobre la peinadora, en la ventana; donde mirara habían mariposas. Las había de tela, de cartón, de papel de colores, de cristal, de cobre pulido, bordadas en pañuelos, pintadas en las paredes. Y también habían flores, de los mismos materiales, tamaños y colores. 

- Lili - apenas pudo pronunciar la joven del sombrero blanco mientras se lo quitaba. Era el mundo particular de Galleta. Adelaida no podía imaginar cuantas horas, días, años, habría estado creando todo aquel mágico espacio -. ¡Que hermoso! 

- Es mi versión de los jardines - dijo tras una infantil sonrisa, la joven de ojos grandes y marrones. 

- ¿Los Jardines de Bardolín? - Adelaida no salía de su asombro, sus ojos no paraban de mirar en todas direcciones y encontrar mariposas y flores de todas dimensiones. 

- ¿Ya los conoces? - Lili le hablaba disfrutando del rostro admirado de Adelaida. 

- No... - recordó el camino sinuoso entre arbustos y hierbas, al que no le dio el visto bueno. 

- Mi habitación es mi replica de los jardines. 

- ¿Los jardines son así de bonitos? - preguntó Adelaida con su mano al pecho, sintiendo su corazón conmovido. 

- Aún más... todo se mueve, todo tiene sonidos, aromas... Todo tiene vida... Un día iremos juntas - Lili se sonrojó después de haber dicho esto. Lo sintió como un atrevimiento, una disposición de su parte. 

- Oh Lili, claro que sí - le respondió Adelaida sosteniéndole de una mano - contigo voy con gusto. 

La muchacha de cabellos como cortinas, sonrió contenta, tanto que se notaron sus dientes, como una sumisa media luna asomada en su rostro. Eso era mucho que decir. Lilibeth, Galleta, estaba muy feliz. Llena de alborozo caminó hasta una mesa recostada al pie de la ventana, donde entraban los últimos brazos del sol de aquel día con sus cálidas caricias de despedida. Sobre la mesa había una caja de madera de las misma dimensiones, pero era bastante baja, como si fuera un gran semillero. Por encima la cubría un gran vidrio enmarcado en madera, la que calzaba perfectamente sobre los bordes superiores. Lili miró en silencio el contenido a través de aquel cristal y de momentos pareció alejarse en sus pensamientos. Al salir de su breve ensoñación, con un gesto de su mano,  le pidió a Adelaida que se acercara. 

Si la habitación de Lili era impresionante, el contenido de aquella caja de madera lo era aun más. Ordenadas meticulosamente, una al lado de la otra, mariposas de todas las especies sostenidas por alfileres, mostraban todos sus colores, tamaños y formas. Sus alas aterciopeladas las hacían parecer pequeños libros de poesía abiertos en su mejor poema. Adelaida no salía de su asombro. Esa habitación era el lugar más fantástico que jamás había conocido en su vida. Para Galleta era un gozo mirar las expresiones de fascinación en el rostro de su invitada especial a su mundo secreto. Realmente Adelaida era la primera persona -aparte de Margot y Gaspar- que veía el refugio personal de Lili. La muchacha de ojos grandes regresó su mirada a sus compañeras aladas y las vio con mucho amor y también con algo de tristeza.

- Yo sé que son solo insectos - Lili habló suavemente y acarició con su mano el cristal -, pero no podría vivir sin ellas.

Adelaida se estremeció. Miró a Lili con sus amantes ojos sobre aquellos sus tesoros, como si en verdad dependiera de las mariposas para estar viva, para existir. Recordó sus propias palabras desafortunadas y sintió como si algo ácido comenzaba a recubrir su corazón, provocándole pena en el alma.

- Lili... yo... lo que dije... yo no quise lastimarte... - Adelaida se le quebró la voz. Veía tanta inocencia en Galleta, la veía tan frágil, tan indefensa... tan sola. No podía explicarse a sí misma por qué tenía tan grande necesidad de protegerla... Era que nadie la protegió a ella, nadie estuvo para cuidarla, nadie... Lili no lo sabía, pero Adelaida había sido una soñadora como ella; las dos eran tan iguales por dentro y tan distintas por fuera. La muchacha de ojos tímidos caminó de espalda hasta su cama que estaba cercana y se sentó lentamente, y mirando sus manos quedó en silencio por unos segundos.

- Eres tan bonita Adelaida, con tu vestido, tu sombrero, tus modales - por fin habló Lili sin apartar su mirada de sus manos que se habían entrelazado una a la otra ofreciéndose fortaleza mutuamente -. Yo soy solo una muchacha de un pueblo lejos de todo.

- Lili, tú eres muy linda, eres una persona muy hermosa - Adelaida se acercó a ella escurriendo de sus propios ojos las lágrimas que se asomaron solo para terminar en su pañuelo perfumado.

- No es igual - respondió Lili aun sin levantar la mirada.

- Mírate Lili... ¡Eres toda una dama! Tan educada, tan honesta, tan impecable - Adelaida se sentó a su lado.

- Cuando dijiste que una dama no debía perder tiempo con insectos...

- Oh Lili - Adelaida la interrumpió - ese no era el sentido de mis palabras. Era como un juego de palabras, esos niños no son realmente insectos lo que demuestra lo vano de esa frase, lo vacía que es. Esos niños no son insectos y tú si eres una dama, y muy respetable.

- Cuando dijiste eso - Lili continuó con su idea de todas maneras, a Adelaida se le hizo un nudo en el pecho- me di cuenta de que yo estoy muy lejos de ser una mujer interesante y sofisticada como tú. No te sientas mal... tus palabras no me lastimaron, no más que la verdad misma. Nunca seré una mujer como tú...

La joven de ojos grandes y marrones guardó silencio otro segundo, retomando fuerza, respirando, aferrando sus manos aun más, una a la otra, sin dejar de mirar sobre ellas.

- Me dí cuenta, allá en la vereda de los jardines, que tú eres una mariposa hermosa, delicada, llena de vida, y yo, una oruga que lleva consigo una caja llena de mariposas muertas - prosiguió con un poco más de dificultad para controlar sus emociones.

- Lili... por el amor de Dios... yo solo soy una oruga con sombrilla y con sombrero. La mariposa fantástica entre las dos eres tú - Adelaida puso su mano sobre las anudadas manos de Galleta.

- No... yo solo soy una muchacha de pueblo... que lo único interesante que tiene es su caja de mariposas... y tú, tú eres como una mariposa, con solo pasar suavemente... te robarías las miradas... - Lili se inclinó levemente hacia adelante, sus lisos cabellos cubrieron su rostro, lo único que pudo ver Adeliada fue caer unos destellos, diamantes del dolor, que se estrellaron contra las manos de ambas. No pudo contener más sus lágrimas-. Si llegamos juntas ¿quién me quisiera mirar sino muestro mi caja de mariposas?

Adelaida la tomó por el rostro con cariño e hizo que la mirara. Ella sabía que no era muy madura, que era una tonta para muchas cosas, que era presumida para otras; pero algo si sabía, algo si conocía, un corazón lleno de ilusión , un corazón palpitante esperanzado, un corazón lleno de amor.

- Estás enamorada - Adelaida le sonrió con ternura-. Enamorada en silencio.

Los grandes ojos de Lili se inundaron aun más, su cara parecía un poema triste, y sin poder retener más su caudal interno en las represas de su corazón, comenzó a llorar como una niña. Adelaida la abrazó. Lloraron juntas.

- Te voy a decir algo- Adelaida enjugo sus lágrimas en su pañuelo una vez más - Fabián, estaba muy preocupado porque no habías llegado. Ni me miró.

- No es cierto- Galleta la miró sin poderle creer.

- Sí lo es- Adelaida le sonrió-. De lo único que me habló fue de ti, de como su hermano Santiago y él se preocupaban mucho por ti.

- Me estás mintiendo- le respondíó Lili deseando creerle.

- Una dama no dice mentiras a sus amigas - Adelaida levantó su mano como si estuviera haciendo un juramento. Lili logró sonreír -. Me dijo que nunca faltas cuando le dices que vas a llevarle tu colección de mariposas.

- El solo me tiene cariño como muchos en Bardolín - señaló la mesa con su repisa llena de mariposas -. El señor Eugenio, el carpintero me la regaló, también me hace las banderillas de advertencia que coloco en los pozos...

- ¿Los pozos?- primera vez que Adeliada oía hablar de los pozos.

- Sí, es peligroso estar cerca de los pozos pero yo tengo una zona marcada, delimitada con mis baderillas. Es seguro ahí. Es un poco más allá de los jardines. Nunca vayas más allá de los jardines, si caes en un pozo puede que nunca te encuentren. Hay muchos y no sabemos cuantos ni donde están todos.

- No lo olvidaré.

- El señor Antonio cuando viaja me trae cualquier mariposa que consiga y Santiago me ha ayudado a buscarlas en los jardines. Fabián... él me escucha por horas hablar de cada una de ellas, de todo lo que le digo sobre mis pequeñas compañeras. La señora Lourdes, la costurera, me regala los alfileres para sostener a mis mariposas y el señor de los cristales, Efraín, fue el que me regaló los vidrios para el muestrario grande y el pequeño. Y Doña Raquel... gracias a ella, me gustan las mariposas - Lili sonrió lejana como si mirara un pensamiento con gratitud.

- ¿Gracias a mi tía abuela? - eso fue una sorpresa para la joven pecosa.

- Sí. Cuando yo era niña, las otras niñas y los niños no querían jugar conmigo, me decían que era muy lenta para todo, que casi no hablaba, que era extraña. En una ocasión en los jardines, unas niñas que jugaban entre las flores no quisieron jugar conmigo y me senté sola a llorar. Pero Doña Raquel, que estaba ese día ahí se acercó a mi - Lili miró a Adelaida y volvió a sonreír. Mientras Galleta contaba los hechos de esa tarde, los veía al mismo tiempo, como una película en su mente:

- ¿Por qué la pequeña Galleta está tan solita? - dijo Raquel con ternura mientras se acercaba a la llorosa niña que estaba sentada sobre una roca. 

- Nunca quieren jugar conmigo - sollozó la niñita de ojos grandes y marrones.

- Ellos se lo pierden - Raquel hizo un gesto como si espantara a los niños que jugaban a lo lejos.

- Dicen que soy lenta y que soy rara y fea - dijo Lili mientras sus labios temblaban entre pucheros. 

- ¡Oh! Es que ellos no saben que un día serás una mariposa - le dijo Raquel a la pequeña niña ganando su atención -. ¿Quieres ver algo interesante? Ven sígueme. 

La niña movida por la curiosidad se puso de pie y camino de la mano con Raquel cerca de un árbol. Raquel le señaló un pequeño animalito que se esforzaba por subir cuesta arriba. 

- Mira ese animalito tan curioso. ¿Qué te parece?- le preguntó la dama de damas a la ya más calmada Galleta.

- Me parece lindo. Tiene muchos colores. Es diferente... es largo y tiene muchas paticas- observó Lili. 

- Es una oruga y te parecerá que no es muy rápida ¿verdad?

- No, no lo es - Lili miró hacia lo alto del árbol viendo su altura - ¿Y a donde quiere ir?

- Busca un lugar alto y seguro.

- Pero es muy lento... nunca llegará más arriba. 

- Oh Galleta, no lo juzguemos por eso, esa es su forma de ser. Lo importante es que con paciencia y empeño llegará hasta su nueva casa - Raquel le respondió con maternalidad.

- Es lento como yo - reflexionó la pequeña de cabellos lisos y largos como cascadas de azabache. Luego se acercó a la decidida oruga y le dijo: 

- No te sientas mal por ser lenta, eres una oruga muy linda y yo te cuidaré desde aquí hasta que llegues a tu casita.  

- Bonitas palabras. La bonita oruga está muy contenta de que seas su amiga - le dijo Raquel guiñando un ojo. 

- ¿Por qué sube tan alto? ¿Por qué no busca mejor un sitio más bajo? -  preguntó Lili con curiosidad. 

- Es que va camino de convertirse en mariposa y busca un sitio donde nadie la moleste. Tiene que cambiarse el vestido de oruga y ponerse el de mariposa. 

- Pero si va desnuda, mire que no tiene ropa - Galleta respondió con lógica infantil, pero al mismo tiempo con una sonrisa graciosa. 

- Cierto, no he podido engañarte. Tu mente es muy veloz. La verdad es que la oruga se convertirá en mariposa muy pronto y por eso busca donde poder transformarse poco a poco. 

- ¿Cómo va a convertirse en mariposa? No lo creo - dijo con incredulidad la pequeña de ojos grandes y graciosos. 

- Mira sobre las flores. ¿Ves todas esas mariposas? Alguna vez fueron orugas. ¿Ahora no son preciosas?

- ¡Las mariposas son más bonitas! - Lili lo dijo como una afirmación feliz. 

- Sí, pero nunca olvides que antes de eso fueron orugas. Con sus movimientos lentos, sus colores pintorescos, y su forma tan diferente de ser - Raquel le tomó el rostro con sus dos manos y le dijo con mucho amor:

- Por eso nunca olvides Galleta dulce y preciosa, que no es malo ser diferente, que no tienes que ser más veloz, que eres linda como eres y que siempre, cariño mio, siempre puedes convertirte en algo mejor. Siempre puedes convertirte en mariposa. 


Las lágrimas de Adelaida corrían por su rostro. La tía abuela fue tan protectora de Lili como ella lo deseaba ser ahora, mientras estuviera en ese lugar.

- Desde entonces tengo mariposas conmigo todo el tiempo -dijo Lili sonrojándose.

- ¡Tú eres la mariposa más hermosa que tiene todo Bardolín! - le dijo Adelaida con cariño.

Galleta se sonrojó tanto que parecía su cara una gran cereza. Y no sabiendo como responder a aquel halago, buscó otro tema de conversación como escapatoria.

- Que bonito tú sobrero blanco - dijo de soslayo.

Adelaida sin pensarlo dos veces levantó su sombrero, que sostenía con una de sus manos y se lo puso en la cabeza a la sorprendida Lili.

- Ahora es tuyo.

Los ojos de galleta se abrieron ampliamente. No sabía que decir. No sabía como moverse. No sabía como comportarse con un sombrero tan elegante como ese. Adelaida se le acercó y con habilidad metió el cabello de Lili tras sus orejas, dejando al descubierto un rostro muy simétrico,  ovalado, puro y hermoso. Galleta camino de manera algo extraña, como si hiciera equilibrio con un libro puesto en la cabeza; se detuvo frente  a su espejo y se miró. No dijo nada, solo se miraba, solo se daba cuenta que Adelaida la estaba ayudando a salir de su crisálida, sin sospechar que ella estaba ayudando a Adelaida a salir de su coraza. Lili agradecida caminó hacía la joven de cabellos rojizos como hechos con hilos de cobre y  la abrazó agradecida.

- ¿Sabes en que estaba pensando Lili? - comentó Adelaida - Así  como Fabián tiene a su hermano Santiago y es su mejor amigo. Tú y yo podemos ser las mejores amigas también.

El rostro de Galleta se llenó de luz y con evidente emoción le pregunto:

- ¿Hermanas?

Adelaida no lo había visto así en un principio, pero estuvo convencida de que eso le gustaba más. La hermana que nunca tuve, pensaron las dos.

- Hermanas - le asintió Adelaida.

Se abrazaron, no supieron cuanto. Ya una parte de ellas no estaba vacía. Se tenían la una a la otra, ya no estarían solas. Serían hermanas y las mejores amigas. Adelaida notó que la noche ya había bajado su manto lleno de estrellas al mirar hacia la ventana y decidió que ya debía irse.

- Lili, ya es hora de que regrese donde tía Raquel - le dijo con cariño.

- Está bien - respondió serena la joven de ojos grandes y contentos. Sin pensarlo demasiado, Lili caminó hasta el otro lado de su cama y debajo de la almohada sacó la pequeña caja que tenía la pequeña colección de mariposas que ella temprano le mostraría a Fabián. Caminó hasta Adelaida y se la puso en las manos.

- Son tuyas - le dijo con convicción. Adelaida no sabía que decirle. La caja pequeña de madera de Lili valía mucho más en todos los sentidos, que el sombrero blanco que aún la muchacha tenía puesto.

- Si me das tu muestrario viajero ¿Qué le vas a mostrar a Fabián cuando vayas a visitarlo?

Lili pareció pensar triste por un segundo, pero luego convencida se lo dijo con una seguridad poco común en ella:

- Son tuyas Adelaida. Ya pensaré que podré mostrarle a Fabián para tener una razón para conversar con él.

- Yo sé que puedes mostrarle - le dijo Adelaida.

- ¿Qué cosa le puedo mostrar? - preguntó intrigada Lili.

- La mariposa más hermosa que tiene todo Bardolín.

Galleta se sonrojó y se cubrió su rostro con sus manos, apenada.







Esa noche Raquel jamás la olvidaría. Aquella en que vio llegar a Adelaida, abrazada feliz a su colección de mariposas.                        

                                                                         
                                                                                                                                                                                                                                                                               
                                                                                                              Lee Aquí el Capítulo 7